El cáncer de riñón tiene un alto potencial metastásico. Alrededor del 30% de los pacientes ya presentan metástasis a distancia en el momento del diagnóstico, y en más del 20% los focos metastásicos aparecen en distintos momentos tras la nefrectomía.
El tratamiento sistémico de este grupo es difícil: el cáncer de riñón es resistente a la quimioterapia y la radioterapia. Según los datos publicados (Davýdov y cols., 2006), la supervivencia mediana de los pacientes con metástasis a distancia es de 6-12 meses, y solo el 10% vive dos años.
El método funciona mejor cuando el tratamiento se inicia justo después de la extirpación condicionalmente radical del tumor primario.
No en todo cáncer de riñón se habla de inmunoterapia. Los tumores en estadio precoz, extirpados por completo mediante nefrectomía parcial o total y sin signos de extensión, no suelen necesitar tratamiento adicional: necesitan seguimiento. La conversación tiene sentido en dos situaciones: alto riesgo de recidiva tras la extirpación del tumor primario y enfermedad metastásica confirmada en la que las posibilidades del tratamiento estándar son limitadas.
El carcinoma renal de células claras es la variante más frecuente y uno de los pocos tipos tumorales que el sistema inmunitario sabe reconocer realmente: con ello se relacionan tanto las raras regresiones espontáneas de metástasis como el hecho de que los enfoques inmunitarios se desarrollaran antes en esta patología que en la mayoría. Por eso el médico mira primero la variante morfológica en el informe de histología.