Inmunoterapia para enfermedades del aparato locomotor

Impacto dirigido en procesos degenerativos e inflamatorios en articulaciones, columna vertebral y tejidos blandos.

Terapia regenerativa de articulaciones y columna

El dolor articular y de espalda suele tratarse con analgésicos y antiinflamatorios, y en los casos graves se propone una operación. La hemoinmunoterapia regenerativa busca una vía intermedia: reducir la inflamación y apoyar la recuperación de los tejidos para controlar el dolor sin cirugía.

El método se basa en las células del propio paciente. A partir de su sangre se preparan componentes que reducen la inflamación en la articulación o en los tejidos de la columna y crean condiciones para su recuperación. No se introduce nada ajeno.

El enfoque se aplica en la artrosis, tras traumatismos articulares y en patologías de la columna: artrosis vertebral, dorsopatía, protrusiones discales. Es especialmente pertinente en estadios precoces y moderados y como forma de aplazar o suavizar la necesidad de cirugía.

La posibilidad del tratamiento y su esquema los define el médico tras valorar la articulación o la columna en las imágenes y el historial terapéutico. El método se combina con la fisioterapia y se tolera bien.

Conviene decir con franqueza dónde termina el método. La terapia regenerativa trabaja sobre la inflamación y el estado de los tejidos, pero no devuelve el cartílago perdido. En los estadios III–IV de la artrosis, cuando el espacio articular prácticamente ha desaparecido y el hueso roza con el hueso, la única solución duradera es la prótesis. En esa situación lo decimos y no ofrecemos un ciclo.

En estadios precoces y moderados el panorama es distinto. Allí el enemigo principal es un círculo vicioso: la inflamación destruye el cartílago, los productos de su degradación mantienen la inflamación, el dolor lleva a proteger la articulación, la menor carga debilita los músculos, y unos músculos débiles sobrecargan aún más la articulación. El método busca romper ese círculo por su eslabón más débil: la inflamación.

Con la columna la lógica es similar, con un matiz. El dolor de espalda procede más a menudo no de la propia protrusión, sino de la inflamación de los tejidos circundantes y del espasmo muscular; por eso el tamaño de una hernia en la RM se correlaciona mal con la intensidad del dolor. El objetivo del tratamiento, por tanto, se formula de otro modo: reducir la inflamación y devolver la movilidad, más que «quitar la hernia». Las indicaciones quirúrgicas absolutas —debilidad progresiva en la pierna, alteración de esfínteres, síndrome de cola de caballo— siguen siendo indicaciones quirúrgicas, y ahí hace falta un neurocirujano, no inmunoterapia.

Aquí el resultado depende del paciente más que en otras áreas. Sin ejercicio terapéutico ni control del peso, el efecto de cualquier procedimiento articular dura menos de lo que podría: cada kilo de más de masa corporal se multiplica al caminar en forma de carga sobre la rodilla. Por eso el ciclo siempre va acompañado de recomendaciones de movimiento, y eso no es un trámite sino parte del tratamiento.

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